¿Somos lo que comemos?

¿Cuántas veces hemos oído esta expresión? Y, lo cierto es que cada vez cuidamos más lo que comemos. Sabemos que hay ciertos hábitos alimenticios, ciertas bebidas azucaradas y comidas, que no nos benefician, que conviene no comer mucho más que una vez al mes. Y es que, teniendo agua ¿por qué vamos a beber otras bebidas azucaradas, sobre todo si no vamos a hacer deporte?

Pues bien, la realidad es que todas estas recomendaciones las han hecho y las siguen haciéndolo,  nutricionistas, médicos y dietistas. Y, desde luego, yo estoy de acuerdo con estas opiniones.

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Los Camachos

Pero intentemos ir un poco más allá. Nosotros ya no solo cuidamos la cantidad de comida rápida que ingerimos, hemos intentado avanzar demandando a las cadenas de supermercados CALIDAD. Cada vez vemos más cartelitos que anuncian; “pollo campero”, “huevos ecológicos”,… y también cada vez valoramos más los certificados de calidad como, por ejemplo, los de Denominación de Origen Protegido (DOP) o la Indicación Geográfica Protegida (IGP). Todo esto es, ni más ni menos, que el reconocimiento del trabajo de agricultores, ganaderos y empresas que son capaces de cumplir los parámetros necesarios para obtenerlas. Pese a ello, y como ya he dicho, voy a intentar mirar un poco más allá.

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Anievas

Es evidente que nos interesa saber más sobre lo que comemos, nosotros y todos los nuestros. Podríamos hacer una reflexión: ¿son lo mismo los productos obtenidos de un animal que ha estado toda su vida en una explotación que el de otro animal que ha pasado su vida libre por el campo?

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Valle de los Algarrobos

Mi opinión es que no, de lo contrario no promovería este blog sobre Ganadería Extensiva. Creo no estar equivocado si afirmo que,  la vida productiva de un animal de una ganadería de intensivo es, valga la redundancia, más intensa que el de uno en extensivo; y no estoy hablando de intensidad en el sentido de vivencias.

Y también es cierto que hay granjas de extensivo que consiguen unos rendimientos productivos similares, cuando no iguales (suele depender de la producción de la que se trate) que granjas de intensivo.

Yo propongo que empecemos a fijarnos más, no sólo en el qué comemos, sino también de dónde sale lo que comemos. Ya hay productos de extensivo en los mercados de alimentación y cada vez son más las granjas de extensivo con páginas web que nos ofrecen detallada información.

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Lousada
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¿Ganadería extensiva sinónimo de calidad?

Es fácil dar una respuesta rápida a esta pregunta. Sólo con fijarnos en la producción del jamón ibérico de bellota ya tendríamos la respuesta. Uno de los alimentos más representativos de España, quizás junto con el aceite de oliva, el más representativo, es producto procedente de un animal criado fundamentalmente en extensivo en las dehesas, alimentado de las bellotas de los encinares, plantas, hierbas y flores que se encuentran en la superficie y que tiene a su libre disposición. El cerdo ibérico de bellota, etiqueta negra, tan sólo vive de lo que encuentra en la dehesa, no recibe piensos de engorde ni ningún otro tipo de suplemento alimenticio.

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Se podría pensar que este es un caso aislado o que esta raza es una excepción. Nada más lejos de la realidad. Existen muchos otros productos procedentes de la ganadería extensiva cuyos nombres hacen que, en nuestras cabezas, resuene la palabra CALIDAD. Son casos como el queso Cabrales, la carne de buey, … Muchos de estos productos tienen un origen muy lejano o, por principio, opuesto al de una nave industrial en la que se engordan los animales.

 

La pregunta obligada ante esto es ¿por qué se dice que estos productos tienen una mayor calidad? Y la respuesta: se piensa que las características organolépticas, asociadas al sabor, las adquieren a través de la alimentación en extensivo, de esos productos que no sufren ningún tipo de tratamiento térmico o mecánico. Son alimentos que tan solo proceden de la naturaleza. Esto supone que los animales que viven con este sistema de alimentación, necesitarán más tiempo para alcanzar los mismos rendimientos que aquellos que viven en cebaderos pero, a cambio, el producto resultante tendrá una evidente mayor calidad.

Por otro lado, la calidad de estos alimentos no sólo radica en la alimentación que reciben estos animales, aunque sea el principal argumento. Es evidente que también está asociado al bienestar del animal: se encuentran en libertad o semilibertad en grandes extensiones de terreno, pueden desarrollar su comportamiento fisiológico y, por supuesto, carecen del estrés asociado a la intensificación de la ganadería y a la maquinización de los animales.

La realidad es que aumenta la demanda de estos productos por parte de un consumidor cada vez más exigente, que se tiende a fijar atentamente en la procedencia de ese alimento.